Un histórico: Otito, 65 años de sabor artesanal jujeño

¿Quién no tiene como recuerdo alguna lata de dulce de batata en la casa familiar, o algún sabor particular de hace tiempo, con su marca? En 1954, la fundó don Alberto Galli, quien la nombró así en honor a un integrante querido de la familia. Ocho años antes, en 1946, Alberto ya había iniciado el camino con el cultivo de frutas en Yala. Con el correr del tiempo, se sumarían al proyecto sus hijos Amado, Luis y Elías, y hoy están su nieto Alberto y su bisnieto Santiago.


 

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Con sólo 24 años y licenciado en Administración de Empresas, Santiago acompaña a su padre en la dirección de Otito. Es hijo de Alberto, nieto de Elías y bisnieto del fundador, y contó a IN- Jujuy cómo comenzó todo.

“Luego de la compra de la finca en Yala, se aprovechó las frutas que no eran visibles para el mercado y surgió la idea de darles valor agregado”, relató. “En un principio, se elaboraban dulces solamente, luego se incluyó jaleas, mermeladas y almíbares, todos artesanales”.

Antes de cumplir diez años, en 1963, Otito ampliaba sus instalaciones edilicias y adquiría nuevos equipos para afrontar el crecimiento empresarial. Es así que, en calle Las Heras 434, del barrio 1ero de Marzo (ahora Almirante Brown) se instaló la fábrica en donde comenzaron producir en grandes cantidades.

Apenas iniciada la década siguiente, en 1971, con gran disponibilidad de materia prima y mayor demanda del mercado, Otito emprender también en la producción de conservas de tomate.

“En las Heras la producción de dulces empezó a crecer, y el espacio físico a quedar chico. Mientras, en San Pedro de Jujuy ya había una planta funcionando para la producción de conservas de tomates” detalló Santiago. “Recién en 2002 se logró trasladar la fábrica de dulces de las Heras a San Pedro, para unificar toda la producción. Y actualmente en Capital, todavía existe el punto de venta en el mismo lugar”, explicó.

Santiago relató que Dulces Otito vivió tiempos difíciles, y que atravesó crisis internas y externas a lo largo de su historia: “en 1988, los hermanos de mi abuelo deciden vender parte de la empresa a un supermercado conocido en la provincia. Después de 10 años, mi abuelo (Elías) logra recuperarlas y desde entonces trabajo incansablemente, y hasta el día de hoy sigue yendo a las instalaciones”.

“Me acuerdo de chico que él caminaba por toda la fábrica y probaba los dulces. Sabía el punto perfecto con sólo sentir el gusto. Aunque que no lo parezca, eso es algo difícil de adquirir y lo veo ahora que lo estoy viviendo”, cuenta Santiago, y suma sobre su abuelo que “se pone muy contento cuando hablamos de la empresa, de hecho, representantes en las distintas provincias, todavía le consultan, llaman para saber cómo está”.

Sobre su padre y actual presidente de la empresa, Alberto, el joven compartió que “trabajó desde muy chico, es ingeniero químico, y cuando se recibió volvió a Jujuy para dedicarse de lleno a Otito; fuera de mi abuelo, es de las personas que más tiempos estuvo. Un poco me reconozco en él por su situación, volvió a su raíz por querer apoyar a su padre, es lo que me ocurre en estos momentos”.

Santiago sigue: “siempre le pregunto cómo hace para recordar tantas cosas, sobre reacciones químicas, el Ph, los azúcares, dar un veredicto exacto de un producto y sus componentes, entre otros temas”. “Él es el pilar, y pretendo crecer aprendiendo de mi padre, desde la comunicación con los trabajadores, proveedores, negociaciones”, advierte, y destaca que otro Galli, su hermano “hizo también un gran aporte, trabajó tiempo en la empresa, aunque decidió iniciar proyectos propios”.

Los productos Otito se distribuyen en Chaco, Misiones, Formosa, Salta, Tucumán, Buenos Aires y otros lugares. Y fue así, gracias a su gran comercialización y calidad, que obtuvo su reconocimiento a nivel nacional, que en cada territorio encuentra una preferencia distinta.  Al respecto, Santiago valoró que “en Jujuy vendemos todas nuestras variedades, todas. Nos siguen eligiendo por la calidad que brindamos y es la manera en que damos cuenta si estamos haciendo las cosas bien”.

“En Buenos Aires, por ejemplo, son más específicos: hay demanda gourmet, más de delicatesen. En otras provincias, las conservas y dulces. Todo varía significativamente porque hay puntos en donde no acostumbran a comer ciertas frutas, con lo cual sólo se compran ciertos productos. Entre todas nuestras zonas buscamos el equilibrio”

Santiago también analiza el contexto actual, que a Otito no le es indiferente: “ése fue el motivo para volver (a Jujuy) lo más rápido posible a ayudar. El panorama económico está afectando a todos, y el golpe también es para nosotros”. “Cada una de las empresas adopta medidas para salir adelante. Nosotros vamos a ponerle el pecho, seguir trabajando los más que se pueda; lógicamente nos ajustamos, y tratamos de achicar al máximo los gastos”, expresó, y explicó que “para ello estamos haciendo una reestructuración, al tener un amplio abanico de productos, analizamos con cuidado el grado de demanda y los resultados para solventar gastos”.

El toque digital “Millennials” para modernizar 65 años

Es real que las redes sociales en empresas y otras instituciones llegaron para quedarse. Sobre esta transición comunicacional, Santiago comparte que “dedicarles más tiempo a las plataformas definitivamente está en nuestras proyecciones. Si bien manejamos una página web oficial, entendemos que este tipo de canal está quedando obsoleto, en comparación a la gran adhesión y practicidad que brindan las redes sociales”.

“En Facebook e Instagram se intenta poner una impronta un tanto más ‘milenial’ en cuanto a la comunicación de lo que es Otito, es esencial para las ventas y la llegada al público. En Instagram recibimos muchas idas y vueltas con los clientes, toca mucho lo afectivo que tiene la gente sobre nuestros productos, nos comparten experiencias de abuelos o papás que llevaron un dulce a la casa, es muy lindo”, cuenta.

Santiago siente gran admiración por su padre y abuelo, y asegura que vivir tan cerca de sus experiencias en la fábrica lo ayudaron a decidir sobre su futuro profesional, que al día de hoy construye con mucho afecto y pasión en Dulces Otito. “Desde muy pequeño los acompañé al trabajo, eso derivó en una elección natural de lo que quería hacer, es lo que me gusta. Realmente no sé si podría haber realizado alguna otra carrera”, confiesa.  

La fábrica querida por los jujeños continúa y continuará ofreciendo sus productos industriales (tomates) semi-industriales (dulces y mermeladas) y artesanales. Mientras, nosotros seguiremos dándonos algunos gustos con sus gustos, llevándolos de regalo o souvenir de Jujuy, repartiéndolos en la familia. Y alguna que otra abuela o abuelo seguirá pidiendo la lata del dulce, porque además ¡son los mejores moldes para hacer bizcochuelos!

Para acercarte a los sabores de Otito, podés ver su página en Facebook o su página web.

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