El recorrido de Gustavo Ficoseco es un ejemplo concreto de cómo el capital humano jujeño puede insertarse y competir en los mercados más exigentes del mundo. Radicado desde hace 25 años en San Sebastián, España, el chef es dueño de Ikaitz, uno de los restaurantes más reconocidos del País Vasco, recientemente confirmado —una vez más— dentro de la prestigiosa Guía Michelin, que renovará su distinción para 2026.
Desde Donosti, uno de los polos gastronómicos más importantes de Europa, Ficoseco consolidó un emprendimiento que combina identidad, calidad y visión de largo plazo, posicionándose como un actor relevante dentro de una industria altamente competitiva. “Estamos súper bien y cada vez mejor”, expresó el chef en diálogo con medios locales durante su visita anual a Jujuy, donde mantiene un fuerte vínculo con sus raíces.
El reconocimiento internacional no solo jerarquiza su trayectoria personal, sino que también visibiliza el potencial de los profesionales argentinos en la economía global del turismo y la gastronomía de alto nivel. Un ejemplo de ello fue el reciente premio que obtuvo en Bilbao con una receta cargada de valor simbólico: el arroz con leche de su abuela, reinterpretado para el público europeo.
Identidad, diferenciación y valor agregado
Si bien Ikaitz se apoya en la tradición vasca y en técnicas de vanguardia, la propuesta incorpora guiños constantes a la Argentina, como el dulce de leche o el chimichurri, integrados con criterio y respeto por el producto local. En ese sentido, Ficoseco es claro sobre su enfoque: “Si se quiere buena comida argentina tenés que ir a la Argentina y si querés buena comida vasca, vas al País Vasco”.
Esa definición resume una estrategia de posicionamiento que apuesta por la autenticidad y la diferenciación, dos claves centrales para sostener un negocio gastronómico de alto nivel en mercados maduros y exigentes como el europeo.
Emprender desde Jujuy hacia el mundo
El camino no estuvo exento de dificultades. Al llegar en 2001, luego de abandonar la carrera de abogacía para dedicarse a la gastronomía, Ficoseco enfrentó un entorno complejo. “Cuesta ingresar, pero una vez que entrás, te integran como si fueses parte de una familia”, recordó.
A pesar de la distancia, reconoce que el principal desafío sigue siendo “estar lejos de los amigos y los afectos”. Sin embargo, su mensaje hacia los jóvenes jujeños es claro y alentador: “Hay muchas posibilidades, hay que tomar valor y atreverse a soñar”.
Hoy, Ikaitz funciona también como un espacio de inserción laboral para talento argentino: en su cocina trabajan profesionales de distintas nacionalidades, incluidos un rosarino y un misionero, reforzando la idea de que el conocimiento, la formación y la perseverancia pueden transformarse en oportunidades reales de desarrollo económico más allá de las fronteras.
Si querés conocer más sobre su menú y reservas, podés visitar el Instagram del Restaurante Ikaitz, aquí.
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