El impacto del COVID-19 en la economía argentina

(Por Pablo Ernesto Mármol, doctor en Derecho) La tensión entre China y EE.UU. generada a raíz de la intención de la administración del Presidente Trump de imponer aranceles a productos chinos por un valor de US $ 50.000 millones, y la decisión de Google de dejar de actualizar los android de la firma Huawei, a lo que la administración de Xi Jinping respondió con aranceles para productos norteamericanos: automóviles, aviones y soja (producto del agro más exportado de Norteamerica) desató una guerra comercial, sin precedentes, a la cual se le puso freno, parcialmente, el 1 de diciembre de 2019, durante la reunión del G-20 que se llevara a cabo en nuestro país, en el que los líderes de ambas naciones acordaron posponer la imposición de nuevas tasas por un plazo de noventa días, para retomar las negociaciones una vez concluido el impasse.

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Frente a este panorama, a nivel global, y el impacto que provoca, en las economías emergentes, las tensiones entre las dos grandes potencias comerciales, con criterio y capacidad de negociación, el gobierno nacional decidió tomar las riendas de la economía para ponerla en marcha emprendiendo una lucha en la que la inflación, el arreglo de la deuda externa y el valor de la divisa norteamericana pasaron a ocupar el primer lugar en la agenda presidencial con miras a revertir dos años de caída en la actividad económica.


El congelamiento de tarifas y del precio de los combustibles, con una divisa a valores de diciembre/19 y paritarias postergadas permitió que, lentamente, algunos indicadores proyectaran alguna mejora en el mediano plazo, lo que se estima no sería antes de fin de año evitando, de esta forma, que continúe la caída del PBI.

El análisis por parte del equipo económico del gobierno nacional y la política implementada desde el Poder Ejecutivo ?para poner la economía en movimiento? es acertada, ya que la lucha se haría con cierto equilibrio fiscal, lo cual tuvo cierto agrado por parte de autoridades del FMI (principal acreedor de la deuda externa Argentina) y generó grandes expectativas en diversos sectores de la producción.

En resumen, la batalla contra la inflación se haría sin emisión monetaria, o por lo menos controlada, con la mirada puesta sobre los formadores de precios, a los fines de desarticular la inercia inflacionaria. Sin embargo, cuando parecía que todo se encaminaba hacia un cierto equilibrio, necesario para poder crecer, llegó el Coronavirus y obligó a desarmar el programa económico, obligando al gobierno nacional a tener que rearmar el mismo, destinando grandes sumas de dinero para sostener a los sectores que serían más golpeados por la recesión (jubilados, trabajadores cuentapropistas y PyMES) y la pandemia, lo que representaría un 2% del PBI.

La aparición abrupta de un virus COVID-19 (acrónimo del inglés: coronavirus disease 2019) alteró completamente el orden y la paz mundial; a punto tal que ni siquiera Michel de Nôtre-Dame (1503-1566), más conocido por su nombre latinizado como Nostradamus, pudo imaginarse y/o predecir las graves consecuencias que generó esta nueva pandemia para la población y para la economía global.

Si bien el fundador de Microsoft (Bill Gates) había predicho hace algún tiempo una pandemia a escala mundial y la incapacidad de los sistemas sanitarios para sobrellevar la enfermedad, los años de la famosa guerra fría fueron superados ampliamente como, asimismo, la imaginación de los más escépticos acerca de los destinos de la humanidad, al colocarnos frente a un riesgo, tal vez, mayor que el que se debería afrontar ante una guerra nuclear.

Frente a la amenaza de que el Coronavirus cause estragos infectando una parte importante de los habitantes de todas las naciones, y provoque una cantidad de pérdidas humanas significativa, China, Europa y las principales potencias mundiales cerraron sus fronteras impidiendo la salida y el ingreso de habitantes de otras latitudes, intentando con esta medida reducir el coste de propagación de la enfermedad, y que de esta forma no colapsen los sistemas de salud.

Ahora bien, cual es el costo que representa esta decisión, ya que en un mundo globalizado donde las transacciones y negocios se concretan con una velocidad inusitada, donde la tecnología, las comunicaciones y las adquisiciones de bienes y productos representan el ingreso de millones de personas, donde la informalidad de la economía simboliza un porcentaje significativo del PBI de un Estado, donde el turismo pasó a ser una de las principales industrias, con el movimiento de personas y bienes que ello conlleva, donde el transporte aéreo colapsa producto del cierre de fronteras provocando que tambaleen las grandes líneas aéreas, y algunos Estados evalúen nacionalizar empresas a los fines de evitar la quiebra; nos preguntamos: qué efectos provocarán estas medidas en el plano económico-social?

Entre solicitudes de apoyo financiero y declaración de emergencia, reducción de la tasa de interés (el caso de la reserva federal de EE.UU.) y paquetes de estímulo para frenar la caída en la actividad económica, reducción de impuestos y eximición del pago de servicios públicos (Francia), las grandes compañías se debaten sobre medidas drásticas a implementar para tratar de salvar el negocio. Es el caso de las líneas aéreas y cruceros, agencias de viajes y turismo, hoteles y alojamiento, y del comercio informal, entre tantos otros.

Evidentemente, la crisis requiere medidas urgentes para contener la situación de los sectores en los que mayor impacto podrá tener el cese de la actividad económica (industria, manufactura, comercio informal), el que a la fecha de redacción de este artículo se extendería hasta fines de marzo. Ahora bien, es posible frenar la economía por tiempo indefinido? 

El Reino Unido y Norteamérica fueron escépticos en su apreciación respecto de la pandemia, tras una cuestionable decisión de adoptar medidas para proteger a la porción de la sociedad que más podría sufrir las consecuencias de esta temible enfermedad, minimizando el impacto que está teniendo ésta en el mundo.

El trabajo, la economía, el desarrollo y, en general, las relaciones interpersonales se desenvuelven en ambientes donde las personas se vinculan unas con otras. Y a pesar de que las telecomunicaciones y la tecnología acercaron negocios a personas distantes de un punto a otro del globo terráqueo, ahora se advierte que es necesario aislamientos masivos y adoptar medidas de confinamiento para evitar las consecuencias disvaliosas que provocaría en los sectores más vulnerables de la población la propagación del virus a una velocidad inusitada.

Pero, no nos olvidemos, vivimos en una sociedad de consumo, donde nos hemos acostumbrado a adquirir bienes y servicios, a disfrutar de la libertad de poder trasladarnos de un lugar a otro y nos resulta alarmante tener que recluirnos en nuestras propias viviendas para evitar la transmisión de la enfermedad.

La decisión de diversos países de imponer cuarentenas obligatorias y toques de queda para evitar el contagio del virus –lo que sería una medida acertada? se contrapone con el incremento logarítmico de casos en Italia y España, y nada de lo que han hecho hasta ahora parece haber interrumpido completamente la propagación.

Sin lugar a dudas, esta situación golpeará a las economías más débiles, aquellas que dependen del valor de la moneda norteamericana, del precio del petróleo, de la capacidad de pago de su deuda, del turismo extranjero, de la exportación y precio de los commodities que produce y de un sinnúmero de variables externas que, lógicamente, tendrán su impacto. Las empresas y los monotributistas requieren del apoyo del Estado con políticas de estímulo y reducción de impuestos, ya que de ellas depende gran parte de los trabajadores del sector privado.

Ahora bien, existirían algunas ventajas para nuestro país frente a este problema mundial: podríamos lograr una mejora en los porcentajes de quita en la propuesta de pago a los acreedores externos, producto de la situación de crisis global; caída de los índices inflacionarios, producto de la recesión económica; pero, también, una merma en la capacidad de compra del gigante asiático podría traer consecuencias nocivas para una economía, ya deteriorada, como es la Argentina, a lo que se sumaría una inevitable recesión económica, cuyos impactos el gobierno tratará de frenar con diversos programas, beneficios y líneas de crédito. Harían falta algunas medidas nunca antes tomadas, como rebaja de impuestos nacionales y provinciales y tasas municipales.

Por ahora, las medidas serían adecuadas, el objetivo es tratar de frenar la curva de atención médica, en la que algunos expertos consideran que debe hacerse en una ventana de tres meses alrededor del pico de la enfermedad. No obstante ello, hay un dato alentador, según información suministrada por medios periodísticos China estaría desarmando los hospitales que se montaron para dar asistencia médica a su población.


La angustia y el temor deben llevarnos a mantener la calma, adoptar medidas proporcionales y razonables impidiendo que ciertos sectores se vean más perjudicados que otros. La cadena global de suministros puede estar en riesgo y, con ello, la situación económica de mucha gente. La valentía de las decisiones gubernamentales debe ser acompañada con la responsabilidad de los ciudadanos.

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