Jujuy en la mira: el INTA identificó y presentó los ambientes degradados del país para recuperarlos

Técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) mapearon áreas dañadas por el uso agropecuario, extractivo o agroindustrial y, tras ello, plantean estrategias de remediación y restauración ecológica para hacerlos productivos, de un modo sustentable. En total son 24 puntos reconocidos con daños en Argentina, y Jujuy es uno de ellos, en donde la problemática está ligada a la degradación de bosques nativos.  

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La plataforma muestra todos los sitios de experimentación en la Argentina en los que el INTA trabaja para la remediación de suelos y agua, como así también en sistemas degradados por uso agropecuario, extractivo o social. El logro es fruto del trabajo articulado de más de 80 investigadores de dicho organismo, que trabajan de un modo interdisciplinario con otras instituciones a lo largo y ancho del país.


Esta novedosa herramienta pro ambientalista reconoce diversas problemáticas como la degradación de bosques nativos, ya sea por deforestación, incendios, corrimiento de la frontera agrícola o erosión, así como el daño en suelos y cursos de agua por contaminación con nutrientes, plaguicidas, metales pesados o fármacos veterinarios.

En Jujuy, el foco está en el sector denominado La Lucrecia, situado en el departamento de Ledesma.  Allí la problemática ambiental es la degradación de bosques nativos, para lo cual, desde el INTA, proponen su restauración productiva y de servicios ecosistémicos.

En las últimas décadas, la simplificación de los sistemas productivos, la intensificación de la producción agrícola y ganadera, como así también la expansión de la frontera agrícola sobre bosques nativos, afectó la calidad de los suelos, la biodiversidad y la provisión de servicios ecosistémicos.

Para Carolina Sasal –especialista en recursos naturales del INTA Paraná, Entre Ríos– resulta “clave” producir en armonía con el ambiente. “Con una mirada proactiva y positiva, buscamos implementar diversas estrategias de remediación que nos permitan recuperar la productividad de aquellos ambientes muy degradados de nuestro país por el uso agropecuario, extractivo o social”.

Además, se aborda la degradación de los mallines en la Patagonia por sobrepastoreo y otras áreas dañadas como consecuencia de las actividades extractivas –en manos de petroleras, canteras o mineras– que generan la pérdida de suelo y biodiversidad.

“En todas estas zonas de altísima degradación –explicó Sasal– se requiere una salida a fin de remediar, restaurar y recuperar los ambientes para la sociedad en general y también para volverlas productivas”.

Entre las diversas estrategias de remediación, Sasal destacó la restauración ecológica para los bosques mediante la incorporación de las especies perdidas. A su vez, señaló el aporte de la fitoremediación que permite, mediante ciertas especies que funcionan como biofiltros en las franjas ribereñas, minimizar la llegada de nutrientes o plaguicidas a los cursos de agua.

“También, realizamos trabajos en laboratorios para identificar microrganismos capaces de degradar plaguicidas o fármacos veterinarios en suelos y agua”, indicó Sasal. Para el caso de las zonas dañadas por las actividades extractivas, se estudia el aporte de especies capaces de remediar el ambiente y sumar, a partir de su incorporación, a la ganadería.


“Hay una gran interacción entre investigadores de diferentes especialidades y extensionistas de los diversos territorios y unidades del INTA que aportan información enriquecedora”, reconoció la especialista. Además, señaló: “El diagnosticar y entender cuáles fueron los errores que llevaron a la degradación de los ambientes, permite reducir los riesgos, evitar que se repitan y volver a producir con un menor impacto ambiental”.

Mirá el mapa acá.

Fuente: INTA Informa.

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